jueves, 26 de junio de 2008

"El León, autorretrato" - León de Greiff

" Yo estoy solo, yo estoy en mí cautivo.
Todo está en mí... Y en mí no encuentro nada... ¡
Sombra ilusa! ¡Entidad galvanizada!... ¡
Y a duras penas vivo!
Soy ilógico. Vivo en un sueño. Boga
mi fastidio en un mar de olas de plomo...
Y, si a sus ojos pérfidos me asomo,
¡la esfinge me interroga!
Yo soy triste. Fatal el sino marca
mi discurrir por una esquiva senda;
nada veo: ¡y mi vista todo abarca,
a pesar de mi venda!
La locura en su círculo macabro
con femenil empeño me recluye...
Soñador... Algún loco ensueño labro:
¡Y el ensueño me huye! Yo soy estrafalario y soy abstruso:
soy altanero y soy sencillo; ¡y llevo
—para reír— un gesto antiguo y nuevo
de Diógenes al uso!
Desdén; risa... sí todo es falso... ¡Todo!
Todo verdad. Todo existe y no existe...
Yo sólo sé que voy como un beodo
de beber vino triste...
¡Pierrot! ¡Juglar! ¡Payaso de mis penas,
bajo el azur de universales climas,
lloro la carcajada de mis rimas
sarcásticas y amenas!
¡Contradictorio y vario! ¡Triste, irónico!
¡Pobre mimo! ¡Quijote de tinglado!
¡Muñeco de un guignol disparatado!
¡Coplero gris y afónico!
Estoy solo... ¡Estoy loco! Vasta sombra
ciñe mi soledad que ya delira!
Mentira... ¡No estoy solo!... ¡Ella me nombra,
y en sus sueños me mira! "


Gracias a mi hermano mayor (mayor en todos sus sentidos): una vez más me iluminó.

De "El sueño de los héroes" - A. Bioy Casares

Poco antes del crepúsculo de esa misma tarde, cuando Gauna se disponía a salir, cayó un aguacero. El muchacho se quedó en el zaguán hasta que cesó la lluvia y entonces vio cómo los habituales colores de su barrio, el verde de los árboles, claro en el eucalipto que se estremecía en los fondos del baldío y más oscuro en los paraísos de la vereda, el blanco de las casas, el ocre de la mercería de la esquina, el rojo de los cartelones que todavía anunciaban el fracasado loteo de los terrenos, el azul del vidrio de la insignia de enfrente, emprendían una incontenible y conjugada vivificación, como si les llegara desde la profundidad de la tierra, una exaltación pánica. Gauna, habitualmente poco observador, notó el hecho y se dijo que debía contárselo a Clara. Es notable cómo una mujer querida puede educarnos, por un tiempo.

sábado, 21 de junio de 2008

De "Diario de Andrés Fava" - Julio Cortázar

Levanto el tubo para discar un número. Antes de poder hacerlo una voz me habla.
- Hola.
- Hola.
- ¿Con quién quiere hablar, señor?
- ¿Con quién quiere hablar usted?
- Vea. Yo no he tenido tiempo de marcar un número cuando lo he oído a usted.
- Ah, están ligadas las líneas.
- Corte, por favor.

Después, cuando no es más que silencio, me pregunto quién es ese hombre. Dónde está, cómo es la habitación desde donde me habló. Nos cruzamos por unos tres segundos, y conocimos nuestras voces. Y no teníamos nada que decirnos, hablábamos con un error.

De proto lo siento tan cerca.

jueves, 12 de junio de 2008

Insert 1 - A modo de prefacio

El diálogo relata el encuentro de Sócrates con el joven Fedro y es el único que transcurre fuera de las murallas de la ciudad. Lo que se inicia como una inocente conversación entre maestro y discípulo culmina en una compleja elaboración teórica que instala la verdad en el lugar central de una conjunra que desplaza a los oradores fuera del campo de discusión política. La advertencia de Sócrates al joven discípulo es que las dotes persuasivas de un discurso no son necesariamente resultado de una verosimilitud que proceda de la verdad. Sócrates desplaza el carácter operativo de lo que el discurso hace hacia lo que el discurso dice. Si la retórica es el arte de seducir a las almas por medio de las palabras es porque en la plaza pública la palabra tiene un referente de materia demasiado vivo aún, es mezcla de cuerpo y alma, por lo tanto, sujeta al encantamiento, a la persuasión y al engaño.
La palabra es comparada con un remedio o medicamento, y el orador experimentado es aquel que ha sabido reconocer la naturaleza del alma del receptor para así poder diseñar el fármaco más adecuado. Aquí Platón da su aplicación de la teoría de las ideas, su punto preciso: sería la verdad o la suprema idea de justicia la que evaluará lo que es justo, y no una multitud seducida por un artificio oral. Podríamos adelantarnos al desenlace y suponer que la escritura será indudablemente la técnica que mejor evite la influencia distorsiva de la persuasión, puesto que posibilita alejar el cuerpo de las instancias físicas de la argumentación.(...)
El planteamiento platónico es escencialemtente político: el texto escrito es una copia de discurso oral, pero también la medida de su traición. El problema radicará entonces en probar la legitimidad de ésta copia: "¿Es éste texto escrito reproducción fiel del mandato de su autor? ¿Pertenecen verdaderamente éstas palabras a quien afirma haberlas escrito?"(....) La solución platóncia es parcial y está referida tanto a textos hablados como escritos: el texto verdadero será solamente aquel que contenga una remisicencia, un rastro mnémico de la Idea.

Nicolás Nóbile
(pueden ver algunas cosas de Nicolás Nóbile en su blog)